El mundo descartable

Hoy todo se descarta. Nada es duradero, ni se produce para serlo.

Desde la misma concepción del diseño de un producto con fines comerciales, ya se lo piensa con la finalidad de crearle un extenso número de versiones que enriquezcan a la marca y por supuesto engorden las ventas. ¿Alguna vez se han preguntado el daño que le hace al planeta todos los celulares que dejamos de usar? La producción de millones de celulares es un tema de alerta mundial y de preocupación por el cuidado del ambiente, más aun cuando los usuarios conservan en promedio un año y medio su teléfono y luego lo desechan, sin importarles el grave perjuicio ecológico que pueden causar. Pero eso no es todo, la otra pregunta es ¿cómo aparte de esto puede contaminar un celular? Además de la extracción de minerales, madera y otros productos necesarios para la fabricación de partes y accesorios, la llegada del aparato a nuestras manos representa un atentado contra el ambiente que influye en el calentamiento global. El principal inconveniente son sus materiales. La mayoría compuesto con plásticos y metales raros, como el tántalo el cual se obtiene principalmente en África Central, donde se ha convertido en factor de explotación y violencia.

¿Alguna vez se han preguntado el daño que le hace al planeta todos los celulares que dejamos de usar?

Ya no usemos más plástico

Otro ejemplo de los productos que se diseñaron para botar, pero que una vez que tocan el suelo duran para siempre, son los plásticos de un solo uso, como los sorbetes, cubiertos plásticos, fundas y envases de plástico expandible. Para comprender qué es lo que hace al plástico tan dañino (en comparación con otro tipo de desechos), hay que tener claro dos puntos vitales: su durabilidad en el ambiente como lo mencioné y lo enraizado que se encuentra su uso en nuestros hábitos diarios de consumo. El plástico tarda entre 100 y 1.000 años en descomponerse. En el caso de las botellas desechables, el período se acerca a los 500 años. Pensemos por un momento en todas las botellas plásticas que hemos utilizado en nuestras vidas, ninguna de ellas ha cumplido el ciclo que necesitan para degradarse, ni lo hará en el futuro cercano. Cada una de estas sigue dando vueltas en alguna parte del planeta. El 80% de la contaminación marina proviene de fuentes terrestres, y de esta contaminación más del 90% es algún tipo de plástico. Esa es la herencia que les dejamos a los nietos de nuestros nietos.

Según un estudio publicado por el Foro Económico Mundial, cada año, 8 millones de toneladas de plástico se depositan en los océanos ¿Les parece poco? Es el equivalente al contenido de un camión repleto de basura por minuto. Para el 2050, ya no será uno, sino cuatro.

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La ropa que utilizamos también contamina. El algodón con la que está hecha contiene sustancias dañinas, pues cerca del 25% de los insecticidas y más del 10% de los pesticidas que se consumen en el mundo, se usan en los cultivos de algodón. Los químicos y fertilizantes sintéticos utilizados en la agricultura convencional destruyen la micro flora y la micro fauna existentes en el suelo, y en el mediano plazo lo vuelven estéril. El agua de los ríos que está en los alrededores de las comunidades de la zona de cultivo tampoco es apta para el consumo humano. El agua que riega estos campos, absorbe diversos químicos que atentan contra nuestra salud. Los seres vivos, cualquier persona que trabaje o tenga contacto con los campos de cultivo (agricultores y familiares, animales y mascotas) se encuentra en riesgo de absorber productos tóxicos que originen problemas de salud tales como cáncer o asma.

¿Por qué los seres humanos no queremos vivir en un mundo donde las cosas perduren?

El problema no es la sobreproducción de celulares, de los plásticos de un solo uso, de la industria textil, o la infinidad de otras cosas que hoy en día repletan los botaderos de basura en todo el mundo. El verdadero problema es nuestra indiferencia. No nos hemos conformado con ensuciar nuestro planeta (¡nuestro hogar!), hemos llenado un océano que parecía infinito. El mar hoy contiene más plástico que peces, y sus playas nos ofrecen más sorpresas que un pulguero. Los bosques y espacios urbanos son avasallados por nuestra sucia presencia, y lo que faltaba, ahora también ensuciamos el espacio.
Nos estamos comenzando a ahogar en nuestra propia basura, pero a nadie parece importarle.

Andrea Fiallos, Presindent & Founder de Fundación La Iguana

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